Transición energética Coahuila; conoce por qué colectivos rechazan el fracking y qué alternativas proponen.
El debate sobre el uso del Fractura hidráulica en Coahuila se intensifica ante la postura de colectivos ciudadanos que rechazan esta técnica como parte de la estrategia energética en México.
Organizaciones sociales y ambientalistas han reiterado su oposición al considerar que el modelo implica riesgos severos para el medio ambiente, particularmente en el uso del agua, así como impactos sociales en comunidades cercanas a zonas de extracción.
En distintas intervenciones públicas, activistas han cuestionado la narrativa de desarrollo asociada al fracking, señalando que no garantiza beneficios directos para la población. Por el contrario, advierten que gran parte de la energía generada se destina a sectores industriales, dejando de lado las necesidades básicas de las comunidades.
El tema cobra relevancia en regiones como la Carbonífera, donde históricamente han existido actividades extractivas y donde la preocupación por los efectos acumulados en el entorno natural sigue vigente.
¿Por qué los activistas se oponen al fracking en Coahuila?
La oposición al fracking se basa principalmente en sus posibles efectos ambientales y sociales. Uno de los puntos más críticos es el uso intensivo de agua: cada perforación puede requerir cientos de miles de metros cúbicos, lo que representa una presión considerable en zonas con estrés hídrico.
Además, el proceso implica la inyección de mezclas químicas en el subsuelo, muchas de ellas consideradas altamente contaminantes. Aunque la composición exacta de estos fluidos no siempre es pública, especialistas han advertido que incluyen sustancias tóxicas que podrían afectar acuíferos y ecosistemas.
Activistas también señalan que replicar modelos de explotación vistos en regiones como Texas ha dejado consecuencias negativas a largo plazo, lo que genera preocupación sobre la viabilidad de aplicar esquemas similares en territorio coahuilense.
A esto se suma un argumento económico: la dependencia de tecnología e inversión extranjera, lo que, según los colectivos, limita los beneficios locales y refuerza desigualdades en las zonas donde se implementa esta actividad.
¿Qué impacto ambiental y social podría generar esta técnica?
El impacto potencial del fracking abarca distintos niveles. En el ámbito ambiental, el riesgo principal radica en la contaminación de mantos acuíferos, así como en la alteración de suelos y ecosistemas. La liberación de sustancias químicas y el manejo de residuos también representan desafíos para la regulación y supervisión.
En lo social, las comunidades cercanas a proyectos extractivos podrían enfrentar cambios en su dinámica cotidiana, desde afectaciones a la salud hasta conflictos por el acceso al agua. En regiones con antecedentes de actividad minera, como algunas zonas de Coahuila, el temor se centra en la acumulación de daños no resueltos.
Otro aspecto relevante es la percepción de que los beneficios económicos no se distribuyen de manera equitativa, lo que genera tensiones entre desarrollo industrial y bienestar comunitario.
¿Qué alternativas plantean los colectivos ante la transición energética?
Frente a este panorama, organizaciones civiles han propuesto replantear la estrategia energética con un enfoque más sostenible. Entre sus principales demandas se encuentra la prohibición del fracking en el país, así como la implementación de mecanismos de consulta comunitaria antes de autorizar proyectos de alto impacto.
También sugieren la creación de espacios de diálogo multisectorial que permitan evaluar alternativas energéticas acordes con las características de cada región, priorizando el cuidado del agua y los recursos naturales.
El impulso a energías limpias y modelos de desarrollo menos dependientes de combustibles fósiles forma parte de las propuestas, junto con políticas que garanticen transparencia en la información y participación ciudadana.
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