La adopción de vehículos eléctricos avanza, pero especialistas advierten que la falta de integración entre generación, cargadores puede volver ineficiente y costosa la operación del sistema eléctrico.
La adopción de vehículos eléctricos avanza en México y el mundo, pero el ritmo de esta transición comienza a evidenciar la falta de integración entre la generación de energía, la infraestructura de carga y la gestión del consumo eléctrico. Especialistas advierten que, sin esta articulación, la electromovilidad puede derivar en un sistema ineficiente y más costoso de operar.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energías Renovables, la integración masiva de vehículos eléctricos podría incrementar la demanda pico de electricidad entre 20% y 30% en ciudades, especialmente si no se implementan esquemas de carga inteligente que distribuyan el consumo de manera eficiente.
El aumento en la demanda, sin embargo, no es el único punto crítico. El desafío más inmediato está en la infraestructura eléctrica existente, que en muchos casos no está preparada para soportar la conexión simultánea de múltiples estaciones de carga, particularmente en zonas con alta densidad urbana o actividad industrial.
“Hoy el cuello de botella no es netamente tecnológico, sino que tiene un componente sistémico. Hay generación de energía, tenemos cargadores, pero falta la integración entre estos elementos. Sin una gestión adecuada de la demanda energética, incluso los sistemas más robustos pueden volverse ineficientes, costosos o subutilizados”, dijo Luis Antonio Osorio Sales, director de Enerlink México, una empresa de tecnología para la gestión de la electromovilidad que opera más de 400 cargadores de diversas marcas.
Infraestructura bajo presión
En este contexto, la discusión sobre electromovilidad rebasa la simple adopción de vehículos eléctricos. La red eléctrica, la planeación energética y la gestión de la demanda se convierten en variables clave para evitar cuellos de botella que frenen el crecimiento del sector.
El despliegue de infraestructura de carga depende no solo de la disponibilidad de tecnología, sino de una adecuada organización de los recursos energéticos. Hoy, la capacidad instalada en diversas regiones del país resulta insuficiente para absorber una expansión acelerada de estaciones de carga sin comprometer la estabilidad del sistema.
A ello se suma la necesidad de incrementar la generación eléctrica para acompañar no solo la electrificación del transporte, sino el crecimiento de otras actividades económicas. La presión sobre la red, por tanto, no proviene de una sola fuente, sino de una convergencia de demandas.
“Con lo que hoy se tiene, hay que hacer un mapeo y entender hacia dónde crece la demanda, además de contar con herramientas para gestionarla”, explicó Luis Antonio Osorio Sales, quien detalló que en zonas con estrés energético es posible mapear la energía entregada y la ocupación de los cargadores para ‘dosificar y administrar esa energía’
En la práctica, esta falta de integración se traduce en decisiones operativas más complejas para empresas y usuarios. Las compañías con flotillas eléctricas, por ejemplo, deben considerar límites específicos de capacidad en las zonas donde operan, lo que condiciona horarios de carga, rutas y niveles de consumo.
La visibilidad sobre el uso de la infraestructura permite anticipar saturaciones y optimizar el desempeño del sistema.
“Hoy tenemos que asegurar ser operativos y de ahí poder dimensionar dónde se pueden agregar cargadores, donde no es pertinente y trabajar con ello”, añadió el directivo.
La demanda de vehículos eléctricos e híbridos enchufables va creciendo paso a paso. Si bien han tenido un crecimiento importante en los últimos años, en comparación con la venta de autos convencionales o híbridos no enchufables, todavía no es masiva su presencia en el mercado.
Datos de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) muestran que el primer trimestre del año se registró una venta de autos híbridos y eléctricos de 44,183 unidades, de las cuales, solo el 30% o el equivalente a 13,254 unidades de autos eléctricos e híbridos enchufables, el 70% restante corresponde a híbridos que no conectables.
En total, la venta de vehículos ligeros en el trimestre acumuló 381,653 unidades, siendo los autos a combustión los de mayor participación.
Zonas como el sur del país, que enfrentan un estrés constante en su sistema eléctrico, pueden ser monitoreadas para medir la tendencia y aplicar acciones que permitan mitigar o distribuir las cargas de energía.
Si una empresa quiere aumentar su flotilla eléctrica, necesita conocer dónde es más factible hacerlo y en qué zonas no sería posible; además, de manera sostenible, debe evaluar qué avance se tiene en los siguientes años.
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