Nani, exjugador y compañero del astro portugués, compartió cómo su determinación y carácter competitivo lo distinguieron desde los primeros entrenamientos en el Sporting de Lisboa

La obsesión de Cristiano Ronaldo por ganar se manifestó desde las inferiores en el Sporting de Lisboa (AP Foto/Pavel Golovkin, Archivo)
Cristiano Ronaldo ha sido, desde sus primeros pasos en el fútbol, sinónimo de una ambición desmedida por alcanzar la cima. Su obsesión por ganar siempre quedó grabada en la memoria de quienes compartieron con él los días formativos en las inferiores del Sporting de Lisboa, donde su carácter competitivo y su pasión desbordante ya lo distinguían entre decenas de jóvenes talentos.
En una reciente entrevista con FourFourTwo, Nani, quien supo compartir sus primeros pasos junto al Bicho, reveló la que definió al portugués mucho antes de conquistar el escenario global.
La forja de una mentalidad ganadora
En el relato de Nani, quien fuera compañero de Cristiano Ronaldo tanto en el Sporting como en la selección de Portugal, la figura del astro emerge como la de un niño obsesionado con el triunfo. “Incluso de niño, ya destacaba por encima de todos los demás. Sabía exactamente lo que quería. Cristiano vivía el fútbol con una pasión enorme: si no ganaba o las cosas no salían bien, lloraba”, rememoró el extremo portugués en diálogo con FourFourTwo.
La anécdota ilustra un rasgo que, según su entorno, nunca abandonó al delantero: su rechazo visceral a la derrota. Para Nani, ese nivel de exigencia personal era una señal temprana de lo que estaba por venir. “Eso mostraba lo comprometido que estaba y la intensidad con la que vivía el juego”, agregó, subrayando un comportamiento que trascendía el mero deseo de triunfar y se convertía en una necesidad vital.
“Teníamos la ambición y el sueño de que algún día podríamos convertirnos en futbolistas profesionales, pero también sabíamos que, hasta llegar ahí, era poco más que una ilusión. Todo sucedió muy rápido: aparecieron oportunidades y no dejamos que se escaparan. Ese espíritu de sacrificio que teníamos desde tan jóvenes fue clave”, reconoció el ex Manchester United y Orlando City. SIMULADORJuega y simula el camino de las selecciones hasta la final del Mundial

El espíritu de sacrificio y la autoexigencia marcaron la carrera temprana de Cristiano Ronaldo y Nani (REUTERS/Phil Noble)
El sacrificio y la elección
La historia personal de Nani también se cruzó con la de Cristiano Ronaldo en un momento determinante para ambos. A los 16 años, se entrenaba simultáneamente con el Benfica y el Sporting, antes de optar definitivamente por la cantera verde.
“Fue una situación bastante inusual, entrenando con Benfica y Sporting al mismo tiempo. Luego, ambos clubes me invitaron a hacer la pretemporada y, al principio, dije que sí a los dos. Fue una locura… Al final, elegí el Sporting porque tenía un amigo allí y, para ser honesto, era el club que más me gustaba”, confesó en su entrevista a FourFourTwo.
Esa decisión no solo lo llevó a compartir formación con Cristiano Ronaldo, sino a presenciar de cerca la transformación de un joven con talento en un competidor feroz. El entorno de la academia del Sporting, marcado por la competencia interna y la búsqueda constante de la excelencia, sirvió de terreno fértil para que esa personalidad arrolladora se afianzara.
De acuerdo con Nani, en ese contexto, “no pensábamos en nada de eso; simplemente jugábamos y nos divertíamos”. Sin embargo, la presión y la autoexigencia que Cristiano se imponía ya lo diferenciaban del resto.
El paso acelerado por las categorías inferiores, la llegada temprana de oportunidades y la capacidad de aprovecharlas fueron elementos comunes a ambos, pero en el caso de Ronaldo, la diferencia residía en la obsesión. “Ese espíritu de sacrificio que teníamos desde tan jóvenes fue clave”, insistió Nani, haciendo hincapié en la cultura de trabajo que compartieron desde la adolescencia.
Esa pasión incontrolable por la victoria, visible incluso en los entrenamientos y partidos de categorías juveniles, marcó el desarrollo de un carácter competitivo que lo impulsó, años después, a conquistar la élite del fútbol europeo. La incapacidad de aceptar la derrota, el perfeccionismo y la autocrítica feroz, lejos de ser simples rasgos de personalidad, se transformaron en herramientas para el éxito.
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