La tecnología permite a los pequeños negocios crear imágenes para sus redes con menor costo, pero su uso masivo también puede hacer que los contenidos pierdan diferenciación y credibilidad. Para un negocio pequeño, contratar a un diseñador no siempre entra en el presupuesto. En ese escenario, herramientas como ChatGPT ofrecen una alternativa para crear imágenes de promociones, paquetes especiales y publicaciones para redes sociales. Es el caso de Jonatán García, dueño de un negocio de alitas y hamburguesas en la alcaldía Benito Juárez, en la Ciudad de México, quien recurre a ChatGPT para crear parte del contenido visual de su establecimiento. Algunas veces toma fotografías de sus propios productos y utiliza inteligencia artificial para mejorarlas; otras, le pide a la herramienta que genere una imagen desde cero. “Uso ChatGPT porque no me puedo dar el lujo de pagar un diseñador”, explica. Antes de recurrir a la inteligencia artificial, García resolvía las imágenes con plantillas de Canva, fotografías propias y herramientas de Instagram. Durante una temporada también contó con la ayuda de un sobrino que trabaja como diseñador. Sin embargo, la solución no resultaba rentable para ninguna de las dos partes, su sobrino lo apoyaba como un favor familiar y el empresario le daba alrededor de 500 pesos cuando necesitaba algún trabajo. Hace alrededor de dos años, García quiso cambiar la imagen de su local. Una cotización externa rondaba los 25,000 pesos, mientras que su sobrino realizó el trabajo por 2,000. Para un comercio local, dice, pagar la cifra completa no siempre es viable, dice. Hoy, de vez en cuando todavía recurre a él, pero no para crear contenido para redes sociales, sino para diseñar menús, carteles o banners que imprime y coloca afuera del negocio. En estos casos necesita que los materiales tengan medidas específicas y la calidad suficiente para impresión. Incluso intentó hacer uno de los carteles por su cuenta, pero la imagen se pixeló, por lo que prefiere dejar este tipo de trabajos en manos de un profesional. “Creo que para lo que mi local necesita día a día no hace falta un diseñador. Yo lo puedo resolver con IA, queda rápido y no desembolso en ello”, agrega García. El ahorro no siempre está en el dinero Eduardo Garrido tiene tres negocios: una birriería, una barbería y un taller de hojalatería y pintura. Aunque cuenta con conocimientos de diseño gráfico, dice que no tiene tiempo para sentarse a desarrollar la identidad visual de cada uno. Por eso decidió utilizar inteligencia artificial para crear logotipos, lonas y publicaciones para redes sociales. Menciona que Gemini y ChatGPT son las que más utiliza porque son las que le ofrecen los resultados que más le gustan. “No decidí contratar a un diseñador gráfico, pese a que tengo amigos que se dedican a ello, porque me parece un gasto innecesario para las necesidades y tamaño de mis negocios”, explica. Garrido no calcula cuánto dinero se ahorra al utilizar IA porque nunca ha pagado a un diseñador para realizar estos trabajos. Lo que sí identifica es un ahorro de tiempo y de gestión, pues evita el proceso de explicar lo que quiere, revisar propuestas y esperar correcciones. “Lo que sé que ahorro es el ir y venir con un diseñador diciéndole qué me gusta y qué no y esperando correcciones. Con la IA es rápido y no necesito más”, señala en entrevista. Garrido agrega que si sus negocios crecieran y necesitaran diseños más especializados, consideraría contratar a un diseñador. Por ahora, cree que las herramientas de IA cubren las necesidades de establecimientos de su tamaño. El caso de Sol Pérez es distinto, ella es diseñadora de formación y se dedica a la venta de productos de belleza de Jafra. Para ampliar su alcance, también comercializa sus productos por internet y utiliza ChatGPT como parte de la creación de contenido visual. En su caso, el ahorro no está en evitar el sueldo de un diseñador, porque ella misma cuenta con esa formación. La inteligencia artificial le permite reducir el tiempo que dedica a cada pieza, utiliza la herramienta para intervenir fondos y la iluminación de sus fotografías y después realiza algunos retoques en Photoshop. “Más que ahorrar en dinero, lo que yo ahorro es tiempo porque al final nunca le tuve que pagar un sueldo a un diseñador porque yo soy diseñadora. Pero en tiempo sí es significativo. Antes yo podía llevarme todo el día entre las fotos y en un posteo, pero ahora puedo hacer unos tres o cuatro, dependiendo de qué tanta mano les meta en Photoshop. Y creo que si no los corrigiera yo, el límite ya sería la imaginación”, cuenta. María Luisa, quien tiene una nevería, también utiliza inteligencia artificial, aunque con un alcance más limitado. Dice que no es particularmente aficionada a este tipo de tecnología, pero considera que su uso se vuelve necesario para mantenerse al día. Ella misma diseñó el logotipo de su negocio y recurre a la IA para mejorar algunos de sus diseños. También la utiliza para resolver dudas relacionadas con su negocio, como la creación de nuevos sabores de nieves y helados o para encontrar y validar nombres para estos productos. “Pero sí es una herramienta de mucho apoyo. Nos facilita el trabajo”, señala. El uso de la IA, sin embargo, también le genera una preocupación. Considera que depender demasiado de estas herramientas puede hacer que las personas dejen de desarrollar sus propias ideas o de buscar soluciones por cuenta propia. Estos casos muestran que el ahorro asociado no tiene una sola forma. Para García puede representar una alternativa frente al costo de contratar servicios de diseño; para Garrido, evitar un gasto que, en su opinión, es innecesario para sus negocios; para Pérez, reducir horas de trabajo en tareas que ya sabe realizar, y para María Luisa, agilizar tareas como mejorar sus propios diseños, buscar nombres para nuevos productos o resolver dudas sobre su negocio. Pero producir imágenes y otros contenidos de forma más rápida y barata también plantea otra pregunta: ¿qué pasa cuando todos tienen acceso a las mismas herramientas?