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La seguridad privada en el top de los empleadores en MéxicoArmando Zúñiga Salinas

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En nuestra colaboración anterior analizamos el reto que representa para la seguridad privada la reducción gradual de la jornada laboral de 48 a 40 horas. Vale la pena observar ahora su desempeño en el empleo durante un periodo de importantes cambios laborales en México.

Desde 2019 las empresas han tenido que adaptarse a la recuperación sostenida del salario mínimo, la reforma en materia de subcontratación, el incremento gradual de las aportaciones patronales para pensiones, la ampliación de las vacaciones y otras disposiciones como la llamada “Ley Silla”. A partir de 2027 comenzará además la reducción escalonada de la jornada hasta llegar a 40 horas en 2030. En una actividad intensiva en mano de obra y con servicios de 24 horas, estos cambios tienen efectos directos sobre su organización y costos.

Por eso resultan especialmente interesantes los resultados del estudio que realizamos con microdatos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI sobre la evolución del empleo relacionado con la seguridad privada entre 2019 y 2026.

En el segundo trimestre de 2019 había 425 mil 726 personas ocupadas en unidades económicas dedicadas a los servicios de investigación, protección y seguridad. Para el mismo periodo de 2026 la cifra llegó a 607 mil 541, un incremento acumulado de 42.7 %, mientras que la población ocupada del país creció 10.0 %.

Al ampliar la mirada a todas las personas que realizan funciones de vigilancia y protección, incluyendo a quienes trabajan fuera de las empresas especializadas, el universo pasó de casi 869 mil personas en 2019 a más de un millón 33 mil en 2026, un crecimiento de 19 %. Actualmente representan el 1.72 % de la población ocupada del país, frente a 1.59 % en 2019.

Hay otro cambio especialmente importante, en 2019 prácticamente la mitad de este universo se encontraba dentro de las unidades económicas especializadas y ahora la proporción llegó a 59 %. El crecimiento se concentró en las empresas de la industria, mientras el componente de vigilancia en otras actividades económicas terminó ligeramente por debajo de su nivel de 2019.

También ha cambiado la composición del empleo, de las más de 607 mil personas que trabajan en las unidades económicas de seguridad, alrededor de 470 mil son vigilantes y guardias, pero otras 137 mil realizan funciones distintas. En 2019 estas últimas eran poco más de 65 mil, por lo que prácticamente duplicaron su número durante el periodo.

Este crecimiento se ha dado al mismo tiempo que la industria incorpora nuevas tecnologías, sistemas de monitoreo, análisis de información y herramientas de inteligencia artificial. Hasta ahora, esta transformación no se ha traducido en una reducción del empleo. Por el contrario, junto con el aumento de vigilantes y guardias han crecido las funciones de supervisión, coordinación, administración, instalación y mantenimiento de equipos, seguridad laboral y desarrollo de software. Estas nuevas capacidades también fortalecen la empleabilidad de las personas al ampliar sus conocimientos y posibilidades de desarrollo profesional.

Otro aspecto es la creciente participación de las mujeres. De acuerdo con los registros del IMSS para los servicios de protección y custodia, en 2026 representaron 27 % de los puestos de trabajo registrados, frente a 22 % en 2019. Aunque se trata de un universo distinto al analizado con la ENOE, la tendencia muestra una mayor incorporación femenina a la actividad. Las oportunidades se extienden también a la supervisión, administración, monitoreo, tecnología y otras funciones especializadas.

Los resultados de estos siete años muestran que la industria ha conservado una fuerte capacidad de generación de empleo mientras cambian salarios, prestaciones y obligaciones laborales. La nueva etapa que comenzará con la reducción de la jornada planteará exigencias adicionales de organización, tecnología, productividad y capacitación.

En este contexto, desde el sector observamos la necesidad de contar con reglas claras y homogéneas, mejores mecanismos para identificar y combatir a los prestadores irregulares y condiciones que permitan ampliar el empleo formal. De nuestra parte, debemos continuar invirtiendo en capacitación, tecnología y profesionalización.

Este crecimiento también implica una responsabilidad para quienes formamos parte de la industria. En ASUME sabemos que detrás de cada empresa, servicio y avance tecnológico están las personas que hacen posible su operación. La empresa adquiere sentido cuando genera oportunidades para que las personas se desarrollen, fortalezcan sus capacidades y construyan mejores condiciones de vida para sus familias.

Por ello, el compromiso del sector debe ir más allá de aumentar el número de puestos de trabajo. Es necesario procurar empleos cada vez más formales, profesionales y productivos, con capacitación permanente y posibilidades reales de desarrollo. La tecnología y la inteligencia artificial deben contribuir a ese propósito, complementando capacidades y abriendo nuevas oportunidades de especialización y crecimiento.

Estamos ante una actividad que protege empresas, escuelas, hospitales, centros logísticos, comercios e infraestructura y, al mismo tiempo, es fuente de trabajo para cientos de miles de familias. Entre 2019 y 2026 las empresas especializadas incrementaron su personal en más de 180 mil personas. El reto será conservar esa capacidad de generación de empleo, avanzar en su formalización y crear mejores oportunidades de desarrollo para mujeres y hombres.

En ASUME estamos convencidos de que el crecimiento de la industria debe tener siempre en el centro a las personas, pues son ellas quienes, con su trabajo, preparación y compromiso, dan vida a las empresas y hacen posible el servicio que prestamos a la sociedad. Nuestro compromiso es seguir construyendo una seguridad privada más profesional, productiva y humana, capaz de aprovechar la tecnología sin perder de vista la dignidad, el desarrollo y el bienestar de sus trabajadores.

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