Un siglo de control de Estados Unidos y las leyes que favorecen a los millonarios están desplazando a los puertorriqueños de su propia isla.
Puerto Rico: La “colonia moderna” de EE. UU. que lucha por no desaparecerGemini
La reciente aparición de Bad Bunny en el Super Bowl no fue solo un despliegue de éxitos mundiales; fue un manifiesto político. Mientras el “Conejo Malo” domina la cultura pop, la realidad de su isla es una herida abierta que mezcla la gloria de sus artistas con la decadencia de una relación colonial que parece no tener salida. No es casualidad que el cantante use cada micrófono para lanzarse contra figuras como Donald Trump; la historia de Puerto Rico con Estados Unidos es una de conveniencia, abandono y un desplazamiento moderno que está vaciando la isla de su gente.
1898: El botín de guerra que Washington no quiso soltar
Todo comenzó con el estruendo de los cañones. En julio de 1898, en plena Guerra Hispano-Estadounidense, las tropas norteamericanas invadieron Puerto Rico por Guánica. Meses después, el 10 de diciembre de 1898, se firmó el Tratado de París. España, derrotada y en ruinas, entregó la isla como si fuera una mercancía más junto a Guam y las Filipinas. No hubo consulta, no hubo plebiscito; los puertorriqueños simplemente amanecieron bajo una nueva bandera.
La ciudadanía de 1917 y los soldados por decreto
A principios del siglo XX, la Corte Suprema de EE. UU. sentenció en los llamados Casos Insulares que Puerto Rico es un “territorio no incorporado”. En términos llanos: pertenece a, pero no es parte de Estados Unidos. Sin embargo, para 1917, la urgencia de la Primera Guerra Mundial hizo que Washington firmara la Ley Jones, otorgando la ciudadanía estadounidense a los boricuas. No fue un acto de hermandad, fue una estrategia de reclutamiento: miles de isleños fueron enviados a las trincheras europeas defendiendo una bandera que en su propia tierra les negaba el voto.
María y el desprecio de la era Trump
Si alguien duda de por qué Bad Bunny o Residente son tan vocales contra el poder estadounidense, solo tiene que mirar hacia el 20 de septiembre de 2017. El Huracán María borró la infraestructura de la isla, pero también borró la máscara de protección federal. Mientras la gente moría por falta de oxígeno y luz —cerca de 3,000 fallecidos según Harvard—, la respuesta de la Casa Blanca de Donald Trump fue la humillación.
El presidente Donald Trump lanza rollos de papel a afectados por el huracán María. San Juan, Puerto Rico. Octubre 3, 2017Jonathan Ernst / Reuters
Servilletas, abandono y la oferta de “cambio” por Groenlandia
La visita de Trump tras el huracán quedó grabada por su imagen lanzando rollos de papel a personas que lo habían perdido todo. Pero lo peor estaba tras bambalinas: el expresidente llegó a sugerir a su gabinete que Puerto Rico era “sucio y pobre” y que debía ser vendido o cambiado por Groenlandia. Este nivel de desdén oficial rompió algo en la psique boricua que ya no tiene vuelta atrás: se dieron cuenta de que, para Washington, son un activo molesto, no ciudadanos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, en su visita a Puerto Rico, lanzó rollos de papel a la gente afectada por el huracán María en un centro de socorro en San Juan, Puerto Rico.
La Ley 60: La nueva cara del colonialismo
Hoy, la isla enfrenta un enemigo más silencioso que un huracán pero igual de destructivo: la Ley 60. Diseñada para atraer capital extranjero, permite que inversionistas (casi todos estadounidenses) se muden a la isla para pagar cero impuestos sobre sus ganancias. Mientras tanto, el puertorriqueño de a pie lucha con una inflación brutal y servicios que no funcionan.
Gentrificación y el derecho a permanecer
Este paraíso fiscal ha provocado una gentrificación agresiva. Barrios históricos están siendo comprados por millonarios de las criptomonedas, elevando las rentas y empujando a los locales hacia el exilio en Florida o Texas. A esto se suma el colapso de la red eléctrica gestionada por LUMA Energy, que deja a la isla en penumbras mientras se construyen condominios de lujo con plantas eléctricas propias.
El video oficial de “El Apagón – Aquí Vive Gente” de Bad Bunny no es un clip musical convencional, sino un cortometraje de casi 23 minutos que funciona como una denuncia social.
Puerto Rico vive hoy una paradoja cruel: su cultura, su música y su bandera dominan el mundo gracias a figuras como Bad Bunny, pero en su propia casa, el espacio se reduce. No es solo un tema de estatus político entre la Estadidad o la Independencia; es una lucha por no ser desplazados de su propia tierra. La pregunta no es si Puerto Rico será el estado 51, sino si para cuando lo decidan, todavía quedarán puertorriqueños viviendo en la isla para contarlo.
Un hombre, con la tradicional “pava” puertorriqueña, observa el Super Bowl LX y espera el espectáculo de medio tiempo de Bad BunnyJaydee Lee SERRANO / AFP) © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.
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