México es un país hermoso, lleno de cultura, historia y gente trabajadora. Sin embargo, también es un país que tristemente se ha dado a conocer por la normalización de la delincuencia organizada, la violencia, las desapariciones, los feminicidios y los abusos; realidades dolorosas que parecen formar parte del día a día.
En lo personal, me da miedo salir con esa sensación constante de estar alerta. No es tranquilidad lo que se siente, es vigilancia permanente. Es mirar a todos lados, analizar rutas, desconfiar de movimientos extraños y medir cada decisión. Vivimos pendientes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
La desconfianza se ha convertido en una herramienta de supervivencia. Incluso con personas cercanas, uno aprende a ser cauteloso. No porque queramos vivir con miedo, sino porque el deseo de estar a salvo nos obliga a ser precavidos.
Y eso es lo más triste: que cuidarnos implique vivir con una carga emocional constante. Que la prudencia sea necesaria, pero que el miedo no debería ser normal.
Lo más preocupante no es solo la violencia, sino lo mucho que nos hemos acostumbrado a ella. Hemos aprendido a vivir con miedo, a justificarlo, a asumirlo como parte de la rutina.
Pero no debería ser normal.
No es normal salir con desconfianza. No es normal vivir en alerta constante. No es normal que la violencia sea paisaje.
Normalizar la violencia es permitir que avance en silencio. Y como sociedad, no podemos seguir aceptando como inevitable algo que nos está arrebatando la tranquilidad, la confianza y, en muchos casos, la vida.
Yuliana Moya






